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La geniera...y otros cuentos

No es lo mismo andar como si no tuvieras ningún sitio adonde ir, que hacerlo como si no quisieras llegar a ninguna parte

Ayer crucé la ciudad escondiéndome. Apunto una cosa más, y no son pocas, de la que avergonzarme.

Y sigo flasheada por cómo llegue sin proponérmelo justo a dos calles (con historia). Me parece mentira que llégase de la una a la otra sin saber cómo ni por donde, como en los sueños, que doblas la esquina y con total normalidad has cambiado de ciudad...de hecho he decidido pensar que no estuve allí, aunque sólo sea porque debía estar a kilómetros de distancia.

Y acabé tomando cañas en el bar menos glamouroso de toda Zaragoza, con la compañía que hace meses se me antojaba insoportable.

Y así (y esta es la cuarta frase que empiezo con un "y", aunque todavía habrá una quinta) donde dije digo digo Diego y me quedo tan ancha.

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