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La geniera...y otros cuentos

Algo

Es malo cuando empiezo a plantearme algo, cuando empiezo a darle vueltas, cuando empieza a tomar forma, porque sé que no dejaré de hacerlo, de pensar en ello, hasta tener todos los cabos atados, hasta saber que es lo que voy a  hacer, como y cuando.

Funciono así. No hago nada antes de haberlo pensado (de hecho todas las cosas que he hecho, consciente o inconscientemente, sin pensarlas antes han sido un desastre, lo que no significa que las otras hayan sido maravillosas, claro). Y no me refiero a que las planifique, que también lo hago, sino a pensar en ellas. Necesito pensar antes de actuar.

Y ahora hay una cosa que me ronda la cabeza, nada traumático, pero que no me deja pensar en nada más y que me ha hecho replantearme algo que creía ya pensado y claro, sin dudas. Así funciono también, soy una duda ambulante, los “a ciencia cierta” no funcionan para mí. Soy profundamente escéptica, es una de esas cosas que me caracteriza como persona.
Pero no digo que mi posición sea la buena, al contrario, creo que cierta tendencia a la credulidad te hace ser más feliz, porque está llena de esperanza y sin esperanza no se puede ser feliz.

Además la desconfianza (el escepticismo) resulta sumamente agotadora. Pero tiene al menos dos cosas positivas. La primera es que te mantiene alerta porque los escépticos somos inconformistas y el inconformismo es como el juego de las sillas, te tiene dando vueltas y cuando piensas que te has sentado y que ya está...ZAS! empieza de nuevo la música. La segunda es que cuando las cosas que no esperabas y en las que no creías suceden, la alegría es infinita. Y te encuentras un día por la calle con cara de tonta sonriéndole a un semáforo y pensando: "me ha tocado a mí", "he sido yo", "por fin!".

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