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La geniera...y otros cuentos

De Reyes Magos y mentirijillas

De Reyes Magos y mentirijillas

Un día, hace muchos años, mi madre descubrió que un amigo de mi hermano se jactaba de conocer la verdadera identidad de los Reyes Magos. Así que decidió coger a mi hermano por banda para que no fuera el último pardillo de la pandilla en enterarse y evitar así que se burlaran de él.

Mi hermano, que por entonces contaba con nueve añitos de edad, tenía su propia versión de quienes eran los Reyes y ésta no tenía nada que ver con los señores de Oriente. A saber, mi hermano en su encantadora, pero lógica, inocencia, acostumbrado a ver caras conocidas (no olvidemos que una es de un pueblo) travistiéndose de los susodichos en la Cabalgata, suponía que cada año les tocaba, según algún tipo de sorteo, hacer de Reyes a tres padres de familia y por lo tanto ellos pagaban los regalos de todos los niños. Vamos, que si te tocaba, era una desgracia familiar en toda regla.

Mi madre le explicó la verdad advirtiéndole de que no me lo contará porque yo, pobrecita de mi, sólo tenía siete añazos, a lo que mi hermano respondió que yo ya lo sabía. Desconozco como podía saber mi hermano tal cosa pero, ante semejante revelación, mi madre no tuvo más remedio que venir a darme una explicación razonable.

Yo tenía mi propia versión de quienes eran los Reyes, y de como se las maravillaban para estar en todas partes a la vez, que, si bien no recuerdo, debía de ser menos lógica y más fantasiosa que la de mi hermano. Pero no le desdije. Supongo que me hizo sentir mayor que pensaran que ya lo sabía. Mayor y, sobre todo, más lista, y aquello resultó ser demasiado irresistible para mi ego.

Pero no seré yo quien le diga a mi madre que me fastidió (según la versión adulta) la Navidad un par de años antes de lo que me tocaba. Porque para mi, personita práctica y materialista, lo importante era recibir regalos, el quién y el cómo siempre fueron detalles irrelevantes.

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