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La geniera...y otros cuentos

De piedras y frascos

A veces, cuando a un@ se le queda semejante cara de gilipollas que la sensación de estupidez propia sólo es superada por la rabia que te da el acto fuente de tal sensación, debería ser posible aislar dicho cúmulo de sensaciones en un frasquito y anotar la fecha, hora y motivo del mismo para que la próxima vez, ante la misma o parecida situación, pudieras destapar el frasquito, volverte a sentir gilipollas por unos breves instantes y así evitar caer en la tentación de experimentarlo en vivo y en directo en lugar de enlatado.

Aunque seguro que eramos muchos los que aún viendo la piedra en mitad del camino desde hacia kilómetros, volveríamos a llevárnosla por delante con la misma ingenuidad y sorpresa de la primera vez.

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