Reconciliación Maca-Esther (una de la media docena de esta temporada porque vamos un pasito pa'lante un pasito pa'trás) minuto 3:10 y siguientes
Reconciliación Pepa-Silvia
Es una pena que "Los hombres de Paco" me resulte tan extremadamente cargante y que la involución de Pepón Nieto me produzca vergüenza ajena en dosis mortales.
Podría hablar de Mecano en general (me encanta Ana Torroja), de los musicales, de lo que supone meter troscientas personas en espacios mal construidos (lo de los edificios de la Expo es acojonante), de la crisis (mucha crisis pero el jodio espectáculo barato barato no era y estaba, lleno no, lo siguiente), de lo aparentemente fácil que resulta poner en pie un "teatro", de como los (supuestos) secundarios son mejores que los protas (esto también me pasó con Mozart), de la generación entre los veintimuchos y los treintaytantos... podría, pero uf, me da una pereza...
Así que voy a hablar de la chica que tenía sentada al lado mio. ¿Por qué estaba buena? No. Porque no paró en las tres horas largas (3 y media? ... no me acuerdo) que duró el musical. No paró de dar palmas (acompasadamente y, sobre todo, no), de incorporarse en su asiento, de canturrear, de seguir el ritmo con los pies y con lo que no eran los pies, de agarrarle de la mano al (sufrido) novio, de coger y dejar el bolso, el abrigo, el pañuelo, el móvil... pongo las dos manos en el fuego a que alguno de los bailarines del show no hizo ni la mitad de gasto energético. Y tampoco paró de mirarme. Yo la miraba disimuladamente por el rabillo del ojo (básicamente porque tenía delante una señora con un cardado que llegaba medio metro más arriba que ella y sólo veía desde una posición, así que no me moví demasiado) pero ella, cada vez que empezaba o dejaba de aplaudir, me miraba. Creo que me miraba mal porque aplaudí la mitad que ella, pero es que yo las canciones que no son de Mecano en un espectáculo de Mecano y que simplemente sirven para rellenar, porque son de todo punto prescindibles, pues no las aplaudo; los números que no me gustan tampoco y con la horrorible "Mujer contra mujer" no me puse a tirarles cosas porque me dió vergüenza, no por falta de ganas.
PD: La entrada de la ópera me costó un tercio exacto de ésta. En relación calidad-precio gana (por un set... como el Barça al Madrid XD) Mozart, pero es que es muy dificil acompañar el "Non pia andrai", ni con palmas, y en cambio en el "No controles" te sigue todo el cuerpo.
Me voy al "teatro" (es en el palacio de congresos de la Expo) y después, si el cuerpo aguanta, que no las tengo yo todas conmigo, a la Feria de Abril (las sevillanas me dan alergia, lo he dicho alguna vez?).
jdsncvhav nvauviner navjk ankierva y muerte y destrucción.
- Pedí hasta tres Nesteases, en un bar en el que hasta la fecha sólo había pedido cerveza, mientras a mi alrededor volaban las jarras de la susodicha como si fueran pipas (que una vez que empiezas ya no puedes parar).
- Pedí una cocacola en un restaurante italiano en lugar del Lambrusco que se pimplaron mis acompañantes.
- No pedí nada en el único bar de Zaragoza por el que pongo la mano en el fuego de que no dan garrafón.
- Me aburrí tanto que me hubiera cambiado por cualquiera de las chonis que celebraban una despedida de soltera a nuestra vera en el italiano disfrazadas de bailarinas orientales, con su falda de monedas tintineante y todo.
- Me aburrí tanto que no sólo hice mentalmente la lista de la compra, sino que llegado un punto de la noche creo que intenté recordar las valencias del Manganeso y el punto de fusión del Aluminio.
- Me aburrí tanto que cuando me pillé un taxi para irme a casa y el taxista, al decirle la dirección, la confundió con otra, no le corregí hasta que prácticamente llegamos a la otra porque eso era, a todas luces, lo más "emocionante" que me iba a pasar aquella noche.
Desde que me compré coche, hace ya casi año y medio, los sueños sobre su robo/destrozo/desaparición se han sucedido cíclicamente, menos mal que lo tengo a todo riesgo... El último fue la noche del sábado (que para una noche de sábado que no pruebo ni un mililitro de alcohol...) pero voy a contar tres distintos que ejemplifican a la perfección el sueño tipo que tengo.
1 - El increible caso del coche (des)hinchable. Abarca los del tipo surrealista total. Entraba en el garaje y me encontraba el coche desinflándose. Y no, no me refiero a las ruedas, todo el coche perdía aire y se convertía imparablemente en una especie de churro azul. Para volver a hincharlo debía sacarlo a la calle y para sacarlo a la calle debía volver a hincharlo. Todo muy "trámite administrativo". Antes de despertarme (y seguramente de bajar a comprobar que mi coche seguía intacto en su sitio) creo que llegué a meter una grúa (de las de obra, no de las que se llevan los coches) en la cochera.
2 - Habiendo cocheras que se quiten los parques. En este caso se celebraba un botellón con su musiquita y sus adolescentes hormonados en mi garaje. Yo entraba corriendo porque necesitaba el coche, para váyase a saber usted que, y no había manera de que me dejaran sacarlo. Cuando conseguía que se quitaran de en medio, se montaban tres conmigo y cuando les conseguía sacar del coche, pues se me habían vuelto a apalancar en la subida de la rampa y así hasta que me desperté. Todo muy Sísifo.
3 - Pero si yo lo aparqué aqui! Este es el que tuve la noche del sábado, pero lo de volver a donde lo había dejado y que simplemente no esté es lo más común, por eso suelo cerrar el coche más de una vez en la vida real. Yo había aparcado el coche en doble fila delante de mi casa (ni idea de por qué hice tal cosa teniendo en cuenta que mi calle es de sólo un carril y que yo tengo plaza de garaje) y cuando miraba por la ventana se lo estaba llevando la grúa. Bajé corriendo y había un tipo al lado de un taxi (con la puerta abierta) y todo chulo me dice que ha sido él quién ha llamado a la grúa y que iba a llamar a la policía también para que viniera a detenerme. Y yo ahí gritándole al chulo que todo el mundo aparcaba así (lo cual en mi barrio es cierto). Es una pena que me despertara antes de que llegara la policia.
También tengo otro muy común en el que aparco en una rampa y... el resto es fácilmente imaginable.
Esta noche salgo y voy a estrenar mi, recién adquirida, sobriedad total con un par (o tres) de alcohólicas de probada solvencia. Es más que probable que a la media hora esté intentando cortarme las venas con las llaves.
PD: Sólo temo poner en peligro mi integridad física pidiendo un Nestea en el Pottoka XD
He decidido dejar dejado de beber. No como cuando dejé de fumar, no es "a ver cuanto duro", es "a ver que pasa si lo dejo... pongamos un año".
Ahora es cuando me toca explicar que no es que beba mucho, que no soy tan alcohólica como se podría esperar de alguien que decide voluntariamente dejarlo. No. Forma parte de las nuevas normas, de los nuevos límites. Me he dado cuenta de que no puedo dejarlo todo a la improvisación, a lo que me apetezca, o no, hacer en un determinado momento, eso no funciona para mi, necesito saber que lo poco o lo mucho que está bajo mi control está exactamente eso, bajo control.
También voy a dejar el chocolate, pero ese es otro tema...
Y no, no he dicho reglas, he dicho normas. Con sus principios, sus finales y toda su metodología de pasos y transiciones. Claras, directas y con ese grado justo de mutabilidad que permite volver a revisarlas y a redactarlas sólo si la nueva norma mejora a la antigua (o si algún lobby suelta la pasta, pero ese es otro tema).
Así me encuentro, reeducando en los límites a la adolescente en la que me estoy estaba convirtiendo... no es acojonante?!
Hace tiempo (y como el tiempo es relativo y existen horas eternas y años que se pasan sin sentir, no concretaré más) me di cuenta de que no iba a haber un gran BUM! en mi vida, y con "un granBUM!" me refiero a cualquier cambio radical, cualquier giro inesperado de guión que hiciera que de repente todo fuera distinto, sin transiciones largas, sin tiempo para decidir. Porque ese es el problema, si puedo elegir, jamás elegiré el BUM!... aunque lo espere. Por eso me niego a ir a que me lean las cartas/manos/posos del café, por ejemplo, (tengo una legión de amig@s fanátic@s de los brujos de todo pelo... pero ese es otro tema) no porque crea o deje de creer (no, no creo, pero ese tampoco es el tema), ni porque me dé miedo lo que me puedan decir, sino porque como me digan que me va a pasar algo que resulte ser de mi agrado, estoy jodida, porque simplemente no dejaré que pase. Ya me las maravillaré yo, ya...
Así que ante la ausencia del grande voy a dedicarme a los BUM! pequeñitos, los que puedo hacer yo, los que no generan grandes conflictos y, por eso mismo, no requieren de grandes explicaciones.
Estaba esperando, ilusa de mi, a que me escribieran esta entrada del blog, librándome así de tan penosa tarea tal día como hoy en que, hasta levantar los brazos por encima del codo, me está costando la vida. Viendo que tal cosa no va a suceder, no me va a quedar más remedio que hacer un ejercicio de juntaletrismo que consiste, como su propio nombre indica, en juntar letras a la espera de: a) rellenar el espacio suficiente para que parezca que has escrito algo (lo que hemos hecho tod@s en los trabajos del cole... y de lo que no es el cole) o b) que me alcance la dulce inspiración de las musas antes de que suceda a).
Me he comprado un desodorante nuevo. Bueno, no es nuevo nuevo, es de la misma marca que el anterior pero otro "modelo". Hasta aqui todo normal, pero es que yo este olor lo conozco y no del bus ni de la cola del super, precisamente, pero no sé de cuando y, más concretamente, no sé de QUIEN.
Y como yo no soy nada obsesiva (inserte emoticono ROFLMFAO) pues ya tengo entretenimiento para la neurona por tiempo indefinido (lo que me duré el desodorante) y no porque haya muchas candidatas sino porque admitámoslo, voy a ser incapaz de saberlo con certeza.